El año es largo dicen los que juegan. Y para ganar, siempre hay que saber sufrir y levantarse ante las adversidades. Algunas de las claves para que el “Ciclón” sea quien levante el trofeo con la temporada ya terminada, luego de que Ruscica tenga que tomarse varios meses de licencia por problemas personales, con lesiones en el medio, jugadores que emigraron una vez finalizada la Copa Libertadores, muchos factores que debilitaron al plantel que había sido el claro ganador del 2018. A pesar de todo, con la vuelta de Facundo al cuerpo técnico y dejando a “Figu” Antonelli como entrenador principal, los de Boedo supieron dejar de todo lo ocurrido y se enfocaron en lo que les vendría.
San Lorenzo fue el que abrió el camino al título el jueves en el Quinquela Martín en los pies de Tomás Pescio, el juvenil de Tierra del Fuego que debutó hace muy poco en la primera división pero que recordará por siempre este corto tiempo. Minutos después, uno de los mejores del torneo, Santiago Basile, se encargaba de anotar la igualdad de sexta falta. Un primer tiempo intenso y muy reñido que terminaba con un marcador acorde a lo hecho por ambos equipos.
En el complemento, las revoluciones y la ansiedad por conseguir el resultado no le permitió a los jugadores demostrar sus mejores niveles y todo se hizo mucho más trabado. Sin embargo, a través de una genialidad de Thomas Baisel, el “Ciclón” se pondría por delante en el partido. 2-1 y restaban seis minutos por jugarse. Pero a falta de cuatro, Andrés Santos recibió y frenó de pecho frente al arco de Brian Steccato para rematar con gran potencia y hacer imposible ante la respuesta del arquero. El 2-2 sentenciaría el encuentro que culminaría en la tanda de penales.
Todo por resolverse cara a cara y con ese tanto porcentaje de azar, como también de estudios y frialdad en la cabeza. Como se hizo costumbre en las series de playoffs en estas definiciones, los de Boedo mandarían al arco a Luka Benyik. Alamiro Vaporaki tendría en sus pies la posibilidad de anotar el gol ganador, luego de que Lucas Farach hiciera lo suyo, pero el joven arquero del “Azulgrana” diría que no, que había una vida más. Tras varios disparos convertidos, Lucas Maina fue decidido a patear, pero fue Benyik quien estiraría toda su humanidad para desviar el balón y desatar toda la locura del equipo dirigido por “Figu” Antonelli y los pocos familiares que pudieron acompañar al plantel.
San Lorenzo volvió a gritar a lo grande y tendrá la posibilidad de clasificarse a la Copa Libertadores del año que viene en caso de que logre el trofeo de la Fase Final de la Liga Nacional, en todo caso, deberá jugar un partido desempate contra este ganador. Con Damián Stazzone, Mariano Quintairos y Lucas Bolo como estandartes, supieron no hacer notar algunas ausencias importantes que se dieron a partir de mitad de año y recomponerse para alcanzar lo máximo. La unión selló un gran grupo de trabajo y terminaron gritando campeón.


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