En las temporadas 2005 y 2006, Central Córdoba se dio un lujo que muy pocos equipos de la ciudad pudieron darse. El conjunto de Tablada soñó a lo grande y disputó el certamen de Primera B de AFA durante dos años consecutivos en una experiencia que, aún hasta el día de hoy, perdura en la memoria de todos los protagonistas que formaron parte del proyecto.
Dieciséis años después de dicho acontecimiento, Cuna del Futsal reconstruyó la historia del Charrúa en el certamen nacional a través de testimonios y estadísticas. Carlos Vitta (vicepresidente ‘02 al ‘05 y presidente ‘06-’09), Gabriel Valarin (DT), Carlos Mori, Nicolás Canavecio y Edgardo González (jugadores) hicieron un viaje a través del tiempo para poner en palabras todos los detalles de una etapa que quedará marcada para siempre en el club.
El proyecto, desde cero
Todo comenzó a finales del año 2004. Gabriel Valarin, junto con Gustavo Romero y Diego Braccialarghe, llegaron a la sede social de Central Córdoba, ubicada en calle San Martín, con un auspicioso proyecto: armar una estructura de futsal en el club.
“El plan incluía la presentación del club en AFA, divisiones inferiores y el armado en general del deporte ya que no existía hasta el momento y se practicaban muy pocas disciplinas”, explica Valarin. La comisión directiva de aquel entonces, presidida por Santiago Pezza, aceptó la propuesta con el objetivo de “generar una vida social más activa en la sede social”, afirma el DT.
“La idea era arrancar con 4 divisiones, de quinta a primera división y generar después las categorías menores”, cuenta una de las cabezas del proyecto. A partir de allí, comenzaron las pruebas; fueron alrededor de 4 meses en los cuales se debían conformar los equipos desde cero. “La respuesta fue muy importante, incentivando a la zona sur de Rosario pudimos armar los planteles de forma holgada”, recuerda Valarin.
La cancha, a ponerla en condiciones
Más allá del armado de los equipos, uno de los aspectos fundamentales para el proyecto de Valarin y compañía en Central Córdoba tenía que ver con tener una cancha en condiciones de recibir a los equipos de Buenos Aires en los compromisos como local.
En este sentido, uno de los dirigentes que más presente estuvo para que el plan siguiera a flote fue Carlos Vitta, quien en aquel entonces era vicepresidente de la institución, y luego fue presidente entre el 2006 y el 2009. “De alguna manera, yo me puse la camiseta del futsal”, comenta entre risas el dirigente.

Las remodelaciones en la cancha de la sede en calle San Martín no tardaron en llegar. Sobre las primeras complicaciones en la obra, Vitta recuerda: “Inicialmente teníamos un problema, era que los aros de básquet eran de cemento, entonces teníamos que hacer un cambio bastante oneroso, sacarlos y poner unos aros colgantes. Me acuerdo que los de basquet me querían matar”.
Finalmente, los aros fueron reemplazados por los que se encuentran actualmente y, a pulmón, el Gabinito quedó en condiciones para ser sede de los encuentros. “Recuerdo quedarnos hasta altas horas de la madrugada pintando la cancha para que la AFA la aprobara. En ese momento no exigía todavía los 40 metros de largo y había demasiadas canchas chicas en Buenos Aires”, afirmó Valarin.
La preparación
El objetivo de Central Córdoba en el futsal AFA era apuntar lo más alto posible. “El proyecto no era para ir a pasar el rato, el club había hecho un esfuerzo muy grande y nosotros nos manejábamos de una manera muy amateur pero con mucha pasión y muchas ganas”, dice Gabriel, la cabeza del grupo.
El equipo se entrenaba 3 veces por semana y jugaba los domingos, aunque en más de una ocasión el equipo de profes debía resolver problemas como la falta de cancha para entrenar debido a las lógicas carencias estructurales.

A pesar de todo esto, el hecho de jugar en una categoría tan importante como el ascenso de AFA atrajo a un gran número de jugadores sumamente reconocidos en la ciudad, como Jorge Pfirter, German Lerin, Nicolás Canavecio, Silvio García, Gonzalo Ramos y Juan Manuel D’Andrea, entre otros.
El torneo
El certamen de Primera B de AFA, así como el futsal argentino en líneas generales, se encontraba en una etapa de crecimiento, con cada vez más clubes que se sumaban a la práctica de la disciplina. En este contexto, Central Córdoba era el único equipo del ascenso que representaba al interior del país (ya que Rosario Central se encontraba en la máxima categoría).
“En Buenos Aires ya se había logrado ese ‘click’. A partir del 2000, los equipos empezaron a tener un conocimiento mayor del deporte, a armar estructuras mucho más sólidas de lo que eran 15 años atrás”, explica Valarin al respecto y agrega: “Ese despertar incluyó a clubes de barrio. Con muchos chicos participando, el nivel empezó a levantar”.
Para contextualizar, en la ‘A’ ya habían aparecido equipos como Pinocho, 17 de Agosto y San Lorenzo, quienes eran animadores de la competencia. En la ‘B’, por otra parte, conjuntos como Kimberley, Hebraica, Estrella Maldonado, Atlanta y Juventud Unida, por nombrar algunos, buscaban alcanzar la máxima categoría.
En este marco, el Charrúa realizó dos buenas campañas, aunque finalizó lejos de los puestos de ascenso. En el año 2005 el equipo culminó en la 9° colocación del certamen con 25 puntos producto de 8 triunfos, un empate y 12 derrotas. Anotó 86 tantos y recibió 144. El máximo artillero fue Donsanti (18 goles), seguido por el ‘Chala’ Carlos Mori (16).
“En nuestra zona había 5 o 6 equipos más fuertes que el resto y los demás éramos más o menos parejos. Recuerdo que entre los que hacían diferencia estaban All Boys de Saavedra, donde jugaba Santiago Basile, All Boys, Atlanta y Jorge Newbery. El primer partido no recuerdo contra quién fue, pero sí que fue de local, que ganamos, y que nos entusiasmamos mucho; después nos fuimos dando cuenta que había equipos mucho mejores”, relata el ‘Chala’ Mori, uno de los referentes del grupo.
Para el año 2006 la competencia contaba con un mayor número de clubes y Central Córdoba integró la Zona Norte. Allí culminó en la 11° posición con 33 puntos producto de 10 triunfos, 3 empates y 17 derrotas. Marcó 137 goles y recibió 137, siendo Gonzalo Ramos (22 tantos) y nuevamente Carlos Mori (19) los máximos anotadores.
Al ser el único equipo del interior del país, el plantel completo del Charrúa, desde primera hasta las inferiores, debía viajar a Buenos Aires cada 15 días para disputar sus partidos como visitante, lo que representaba un gran esfuerzo no solo económico, sino también físico para los protagonistas.
Edgardo González, histórico jugador de paso por Central y actualmente en el veteranos de Regatas, recuerda con mucho cariño al grupo humano que se formó en el 2006, cuando formó parte del plantel. “Era un equipo piola, de buena gente, nos llevábamos muy bien. Por ahí nos seguimos viendo y nos reímos, recordamos anécdotas. Yo era uno de los más grandes y había vivido varios momentos en el futsal”, dice.
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Además, cuenta con lujo de detalles la experiencia de los viajes: “Salíamos a las 7 de la mañana y llegábamos al mediodía. A las 2:00 de la tarde empezaba la tira y terminábamos a las 9/10 de la noche, comíamos algo y volvíamos, llegábamos a las 2:00 o 3:00 de la mañana”.
“El grupo de jugadores entre primera y reserva era grande. Nos llevábamos muy bien. Los viajes cada quince días hicieron que nos conociéramos rápido. La juventud y picardía de los chicos de inferiores creo que fue fundamental en la comunión”, añade Mori.
Nicolás Cavavecio, actual entrenador, comenta que “el nivel de los equipos era alto” pero también destaca la unión del grupo, debido a conocerse previamente de otras instituciones.
Dos temporadas y muchas anécdotas para el recuerdo
El paso del conjunto de Tablada por AFA no solo dejó aprendizajes, amistades y resultados tanto positivos como negativos, sino también una gran cantidad de anécdotas que los protagonistas recuerdan hasta el día de hoy.
“Me acuerdo un partido que perdíamos por 3 o 4 goles ante un rival que venía muy bien, pero empezamos a descontar y en el último minuto empatamos el partido. La gente saltó y a uno no se le ocurrió mejor festejo que tirar una silla de plástico al campo, con tanta mala suerte que le pegó un árbitro”, cuenta el ex presidente Carlos Vitta.
“Se armó un lío bárbaro. Nos querían sancionar, pero la persona no tuvo intención de pegarle, era de la alegría”, agrega entre risas. Sin lugar a dudas, el futsal atrajo a más gente al Gabinito los fines de semana, que se acercaba a disfrutar de los encuentros y alentar al Charrúa.

Edgardo González, por otra parte, viaja en el tiempo hasta un partido frente a Chacarita. “Me acuerdo que ese día terminó atajando un pibe de 16 años, que era Lisandro Valdano. Tenía un miedo él al principio, me hablaba a mí porque era el mas grande, yo le decía que se quedara tranquilo, que hiciera lo que sabía hacer. Después el Veco –Vicente De Luise- se lo llevó a Italia, fue una cosa increíble”, relata.
Mori, por otro lado, dice que se le vienen a la mente “varios partidos, principalmente de visitante”. “Al principio daba fiaca la idea de viajar cada 15 días, pero cuando uno ya estaba arriba del bondi se compensaba el esfuerzo. Con All Boys de Saavedra salían lindos duelos. Ellos jugaban muy bien y nosotros solíamos plantear bien los partidos contra los equipos que salían a atacar”, recuerda.
Una etapa que revitalizó al club
“Central Córdoba estaba catalogado con un club de fútbol, pero en ese momento le dimos un gran desarrollo a todas las disciplinas”, comenta Vitta sobre cómo se encontraba la institución por aquel entonces.

“Creo que nuestra llegada, con la cantidad de chicos que llevamos a participar, le dio una vida social importante al club. Ver el club con mucha gente, chicos entrando y saliendo fue una alegría”, añade Valarin en relación a la importancia que tuvo el arribo del futsal.
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El ex presidente cuenta que “los fines de semana la sede estaba llena de personas”, y recuerda la época con mucha alegría. “La llegada de Carlos Vitta a Central Córdoba socialmente le dio un impulso muy importante, con muchos chicos de la zona que se asociaron”, coincide el entrenador.
Problemas económicos y fin del proyecto
Luego de dos temporadas en el futsal del más alto nivel, el Charrúa finalizó con su participación en los certámenes de AFA. El principal motivo, coinciden los protagonistas, fue la falta de apoyo económico para poder sostener un proyecto de semejante envergadura.
Uno de los mayores gastos tenía que ver con los viajes a Buenos Aires, que se llevaban a cabo cada 15 días. “El presupuesto del futsal era prácticamente el mismo que teníamos para el equipo de primera de fútbol, porque contratábamos un colectivo para que viajara todo el plantel”, dice Vitta.
En este sentido, Valarin afirma que “lo económico fue determinante”. “Si no fuese por eso, creo que el club seguiría participando en AFA hasta el día de hoy”, agrega.
Durante el 2005 y parte del 2006, entre los aportes dirigenciales y las constantes intenciones de recaudar dinero a través de venta de entradas, de rifas y sándwiches, entre otras cosas, “los viajes se pudieron pagar”, comenta Vitta. En ocasiones, el plantel partía rumbo a Buenos Aires en varios autos, en lugar de hacerlo en colectivo.

En el tramo final, sin embargo, la ayuda de los propios futbolistas fue más necesaria que nunca, tal y como explica Canavecio: “Los últimos meses tuvimos que colaborar entre todos. Pero desde el club siempre se portaron excelente, por mi parte siempre me sentí cómodo”.
Como si esto fuera poco, en el año 2006 Carlos Vitta asumió la presidencia del club y, lógicamente, debió atender otras cuestiones prioritarias. “Llegó un punto en el que el futsal era insostenible. Cuando entré como presidente tuve que dedicarme más al fútbol y no pude colaborar de lleno como lo venía haciendo”, admite.
Una etapa positiva
Cuando el club dio por finalizada la etapa en AFA, una buena cantidad de futbolistas decidieron marcharse con algo de bronca y tristeza por no poder seguir compitiendo a ese nivel, explica Edgardo González. Sin embargo, la institución siguió jugando durante un tiempo en los certámenes de AROFUSA.
“Cuando nosotros nos vamos en el año 2006 dejamos armada la estructura y el club comienza a participar en AROFUSA, incluso agregando más divisiones. Me queda un sabor amargo, pero el hecho de haber dejado una estructura con muchos chicos practicando el deporte fue un consuelo, si bien no era el objetivo principal”, cuenta Valarin con total sinceridad.
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Canavecio, por su parte, afirma: “Hoy te puedo decir que lo mejor de mi paso por el Charrúa fue la experiencia que me dio, aunque me hubiese gustado aprovecharlo más ya que era muy chico y terminó durando poco tiempo”.
“Principalmente, lo que nos dejó fue la gran pasión del deporte amateur, quedarnos hasta tarde planificando y ordenando cosas, yendo a buscar a los árbitros a la terminal, detalles que hablan de un amateurismo y un amor por el deporte. Fue muy lindo lo que nos tocó vivir y no me lo voy a olvidar”, completa Valarin con una sonrisa.
Hoy en día, el futsal de Central Córdoba se encuentra en pleno crecimiento en los torneos de ascenso de la ARF. Con una estructura cada vez más afianzada, el Charrúa sueña con poder ascender a la máxima categoría. Y por qué no, en un futuro, volver a recorrer los estadios de Buenos Aires y para seguir escribiendo su rica historia.


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